domingo, 14 de abril de 2013


Un papiro revolucionario: 7Q5

Entrevista al p. José O'Callaghan, S.J.

por Germán Mckenzie González
Lima, Mayo – Agosto 1995
Los hallazgos de las 11 cuevas de Qumrán cerca del Mar Muerto, en Israel, ocurridos de 1947 a 1956, han representado ciertamente un acontecimiento de la mayor importancia para la mejor comprensión de la Sagrada Escritura y del ámbito histórico en el que se desarrolló la Iglesia de la primera hora.
Se trata del más grande descubrimiento de manuscritos antiguos. Son textos de la biblioteca de la comunidad de Qumrán, una suerte de monasterio en el que, en opinión de los más destacados especialistas, un sector del grupo de los esenios llevaba una vida dedicada al trabajo y la oración. Sus habitantes pertenecían a uno de los principales grupos religiosos en que se dividía el judaísmo anterior a la destrucción del Templo de Jerusalén, en el año 70 d.C.
La casi totalidad de los textos y fragmentos contenidos en las 11 cuevas del complejo qumránico está redactada en hebreo y arameo y son pergaminos (es decir, pieles tratadas utilizadas para escribir). Sólo la cueva 7 -descubierta en 1955- presenta la particularidad de contener en su totalidad papiros (una suerte de papel confeccionado en base a la planta cyperus papyrus), y además escritos en griego.
Es precisamente esta cueva la que llamó la atención del experto papirólogo José O'Callaghan, sacerdote jesuita español que inició su investigación en ella cuando elaboraba un catálogo de los papiros que contienen secciones de la llamada Versión de los Setenta, una traducción del Antiguo Testamento al griego preparada en Alejandría por los judíos en el siglo III a.C., para su utilización entre sus hermanos de religión más familiarizados con el griego que con el hebreo o arameo.
Apasionado por la investigación papirológica, el p. O'Callaghan se sumergió de lleno en la cueva 7, familiarizándose con los fragmentos allí contenidos. Un día comenzó a aprovechar sus ratos libres para -como él mismo lo dice- «entretenerse» ensayando una identificación del papiro inventariado con el número 5, es decir, determinar de qué libro del Antiguo Testamento formaba parte ese trocito de papiro. Éste estaba datado a más tardar como del año 50 d.C. y mide 3.9 cm. en su parte más alta y 2.7 cm. de ancho. El punto de partida para el estudioso fue la combinación de letras «nnes», que aparecía claramente legible en la cuarta línea.
Tras sucesivos intentos fallidos en los lugares que consideraba más probables, tuvo la idea de buscar entre la literatura del Nuevo Testamento. Al principio no encontró nada, pues su clave de búsqueda se orientaba hacia las genealogías, pero luego vino la sorpresa. En un primer momento el resultado lo mantuvo entre el asombro y la incredulidad: el 7Q5 correspondía a Mc 6,52-53. Tras nuevas y más rigurosas investigaciones, y reiteradas interconsultas con otros expertos, en 1972 publicó un artículo en el que explicaba los resultados de su trabajo. Éste se extendió al intento de hallar otros fragmentos neotestamentarios, por consejo de académicos con los que iba consultando. Al lado de la clara identificación del 7Q5, buena parte de los otros intentos de identificación de los papiros griegos de la cueva 7 quedaban algo inseguros. Se inició así una intensa polémica, sorprendente por la aspereza y la abundancia de argumentos ad hominem más que científicos utilizados por algunos de sus opositores. Posteriormente se hicieron mayores estudios. Hoy, luego de más de 20 años, las rigurosas investigaciones de O'Callaghan vienen siendo respaldadas por más y más papirólogos de renombre. A pesar de ello todavía ofrecen resistencia numerosos biblistas, qumranólogos y críticos textuales. Las conclusiones definitivas del p. O'Callaghan, a publicarse hacia el mes de setiembre de este año, no han hecho sino confirmar aquella identificación inicial del 7Q5 como correspondiente a Mc 6,52-53.
Doctor en Filosofía por la Universidad de Madrid, Doctor en Filología Clásica por la Universidad de Milán, el p. O'Callaghan ha enseñado en importantes centros de estudio europeos. Es profesor emérito del Pontificio Instituto Bíblico de Roma, donde enseñó Papirología y Paleografía Griega, y Crítica textual. Allí fue también Decano de la Facultad Bíblica. Actualmente se desempeña como Director del Seminario de Papirología del Instituto de Teología Fundamental de Sant Cugat del Vallès, en Barcelona.
¿Cuál es la razón de tanto revuelo? ¿Cómo se fue madurando la identificación del 7Q5 hasta las conclusiones definitivas? ¿Qué implicancias tiene para la ciencia bíblica el hallazgo de un fragmento de un texto del Evangelio según San Marcos datado a más tardar como del año 50 de nuestra era? Éstas y otras interrogantes fueron abordadas en la entrevista que amablemente concedió el p. O'Callaghan a «Vida y Espiritualidad».

¿Cómo sintetizaría usted el significado de haber identificado el fragmento 7Q5 con Mc 6,52-53?

El aporte al haber identificado el 7Q5 es la aproximación al Jesús histórico que éste nos permite. Según algunos estudiosos estaba cortada la línea de unión con el Cristo histórico, porque no sabríamos nada de Él. Pero resulta que si ahora tenemos un papiro del año 50 d.C. del Evangelio de San Marcos, como dice muy bien la destacada papiróloga Orsolina Montevecchi, que a lo más está datado unos 20 años después de la muerte del Señor, y si éste también nos habla de tres milagros del Señor, entonces tocamos ya, con el testimonio de un papiro, al Cristo histórico.

¿Podría contarnos algo del camino que ha recorrido desde 1972 y que culmina con la confirmación científica de esta identificación?

Me pasó aquí lo que me ha pasado otras veces, más aún antes, cuando en mi ciencia se trabajaba sin ayuda de la informática y las cosas eran más difíciles. A veces en los momentos de dificultad científica, cuando no se ve clara la salida a un problema y asoma el desánimo, viene una intuición particular que esclarece la situación, que ilumina el camino y halla algo nuevo. Algunos me han preguntado si ha sido una gracia especial de Dios. Y yo respondo: gracia de Dios, sí, porque todo lo que tengo y realizo es en el fondo gracia de Dios, pero no inspiración divina particular. Yo honradamente creo que no. Ha sido una intuición científica, evidentemente, por la cual doy gracias a Dios.
La primera recepción de mi artículo aparecido en la revista Biblica: ¿Papiros neotestamentarios en la cueva 7 de Qumrán?, del año 1972, fue muy polémica. Entonces personas de mucha autoridad científica me dijeron textualmente: «Ni usted ni yo veremos el final de la polémica internacional, porque es fortísima. Va usted contra la opinión internacional». Opinión internacional, por lo demás, ubicada entre la mayor parte de los estudiosos de la Biblia en el campo protestante y en el campo católico.

¿Estamos hablando de la perspectiva de R. Bultmann, que establece una separación entre el Jesús histórico, que sería absolutamente inaccesible, y el Cristo de la fe, que sería para él elaboración de la primera comunidad cristiana y que es aquel que ha llegado a nosotros consignado en el Nuevo Testamento?

Pues, sí. Y entonces, claro, esto es fortísimo. En realidad el papiro es pequeño y ofrecía ciertamente dificultades. Por aquel entonces todo no se acababa de ver totalmente claro.
Al comienzo no contesté los ataques de estudiosos famosos como el profesor Kurt Aland especialmente, los de los especialistas de la Escuela Bíblica de Jerusalén, etc. Ellos me atacaban fuertemente, pero más que argumentos científicos de peso eran ataques personales de gran resonancia internacional. Yo veía, por los argumentos que me permite la ciencia de la papirología, de la que conozco, que no tocaban el meollo de la cuestión. Eran ataques de poco contenido científico papirológico.
Entonces empecé a responder con rigurosidad atendiendo a los argumentos y no a las personas, hasta que me cansé de contestar. Pensaba que perdía tiempo y energías en un debate que planteado en esos términos no valía la pena. En la revista Studia Papyrologica contesté bastante; también en la revista Biblica.
Luego el asunto se durmió porque no recibí respuesta a mis artículos de esclarecimiento. Ya no publicaban nada y se hizo un silencio sobre el tema. Sin interlocutores yo ya no respondía a nadie. El asunto quedó dormido hasta que el papirólogo anglicano Carsten Peter Thiede, profesor alemán, se presentó a mi despacho con su señora cuando yo era Decano de la Facultad Bíblica del Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y me dijo que había seguido la polémica y que estaba convencido de que los ataques que había recibido mi hipótesis eran inconsistentes. Él quería elaborar un libro sobre mi identificación.
Después de investigar por su parte, publicó un libro en Alemania del cual se ha hecho, me parece, la quinta edición. En castellano se titula: ¿El manuscrito más antiguo de los Evangelios? El fragmento de Marcos en Qumrán y los comienzos de la tradición escrita del Nuevo Testamento. La obra se ha traducido también al holandés y al italiano. Además Carsten Peter Thiede ha escrito otro libro en inglés, también traducido al francés.
El asunto, como ve, se ha difundido. Se trata de un científico de mucha categoría. Lo conozco y lo respeto mucho, como es natural.
Entonces fue él quien reanudó el tema. Éste estaba dormido, no estaba muerto. Thiede no lo resucitó, sino que más bien lo despertó de nuevo. Y así ha venido toda la nueva época del asunto del 7Q5.

¿Cuál fue la importancia del Simposio realizado en la Universidad de Eichstätt, en Alemania, en octubre de 1991?

Fue grande. Me invitaron pero no quise asistir para que los participantes tuvieran completa libertad de hablar en favor o en contra. Lo que hice fue enviar una carta, que se leyó, agradeciéndoles su interés y ofreciendo mis oraciones para que encontraran la verdad. Allí grandes eminencias estuvieron a favor de la identificación, otros no, pero en general la opinión fue favorable. Me ofrecieron sus trabajos. Eran norteamericanos, alemanes, franceses, belgas... ningún italiano ni español.
Se movieron en un ambiente de alta ciencia internacional, publicando luego unas actas que, en general, estaban a favor de mi posición. Posteriormente F. Rohrhirsch publicó un libro en favor de mi identificación y en contra de la postura del profesor Kurt Aland y su escuela, quienes en su análisis informático de todos los factores relacionados al 7Q5 se habían equivocado al dar un programa a la computadora, y lógicamente la computadora, con un programa equivocado, dio resultados equivocados, inválidos.

Y entonces usted vuelve a asumir el estudio del 7Q5 en profundidad e ingresa a la última etapa que culmina con el libro que publicará en breve...

Con todos esos precedentes y demás aportes -incluso algunos que por ser a veces contrarios a mi tesis no dejo de valorar y agradecer- y con todo el material recogido de los estudiosos que han querido establecer otras identificaciones para el 7Q5, he ido ahondando en mi investigación. Gracias a un cálculo de probabilidades solicitado por mí al eminente profesor Alberto Dou, Doctor en Matemáticas y Miembro de la Real Academia de las Ciencias de Madrid, queda claro que el fragmento del papiro no puede corresponder a otros textos... ¡y es que no casaba con ninguno! Este estudio se consigna largamente en el epílogo del libro que estoy a punto de editar: Los testimonios más antiguos del Nuevo Testamento. Papirología neotestamentaria. Allí declaro y pruebo científicamente, desde un punto de vista papirológico, que el 7Q5 es Mc 6,52-53. Y después incluyo la aportación del estudio matemático del profesor Dou. El asunto está decididamente probado y es decididamente seguro, cosa que también me ha dicho, desde el punto de vista de las posibilidades matemáticas, el mismo profesor Dou.

Hablemos sobre las diferentes objeciones y problemas planteados a la identificación. Según algunos hay un primer obstáculo y es que el estudio se hizo usando como base fotos y no el papiro mismo...

En primer lugar le voy a contestar como papirólogo. A un papirólogo no siempre le es posible viajar a San Petersburgo, a Nueva York o a donde fuera para estudiar un papiro, pues eso supone un presupuesto con el que nosotros no podemos contar. Eso es evidente. Lo que hacemos es, desde nuestros lugares de labores, trabajar por medio de fotografías, a veces infrarrojas. Eso es lo usual en papirología.
En segundo lugar, es completamente falso que yo no haya trabajado con los papiros originales. El hoy cardenal Martini, quien fuera Rector del Pontificio Instituto Bíblico cuando propuse mi identificación por primera vez, en cuanto salió el primer artículo en 1972, me pidió que fuera a trabajar una semana completa al Museo de Jerusalén. Y mi visita a los santos lugares fue en gran parte a la sala de papiros de dicho museo. Tuve, sí, el gran consuelo de celebrar la Misa en el Sepulcro del Señor, que la había preparado ya con tiempo, pero por lo demás lo que hice fue verificar lecturas en el 7Q5, lecturas que eran obvias ya en la fotografía a rayos infrarrojos. Y el mismo año publiqué un largo artículo en la revista Biblica en base a las notas tomadas en las investigaciones directas en el Museo de Jerusalén.
Y es curioso, porque -como he dicho- yo he visto y he trabajado una semana con los originales, C.P. Thiede ha estado 5 veces allá, mientras que el profesor K. Aland, cuya memoria respeto y a quien reconozco lo mucho que ha hecho en el campo de la crítica textual, solamente ha trabajado con fotografías y nunca ha ido a Jerusalén. Fue paradójicamente él quien atacó duramente mi hipótesis diciendo precisamente que mi identificación había sido realizada ¡trabajando solamente con fotografías!

Hay otro asunto papirológico y es el de las tentativas de realizar otras identificaciones del 7Q5 distintas a la suya. Allí está la de la profesora Spottorno con Zac 7,4-5. Otros estudiosos, como Julio Trebolle por ejemplo, en un libro recientemente editado, hablan de que son posibles diferentes identificaciones del papiro. ¿Qué dice usted al respecto?

Que es completamente falso. Y lo digo, como papirólogo, con toda claridad. Todo lo que afirman a nivel papirológico yo lo analizo en profundidad -como le decía- en el epílogo de mi libro. Esas alternancias que proponen, como papirólogo... ¡da pena verlas! Parece que aquí quieren, más que iluminar, desorientar y hablar por hablar. ¡Se han propuesto como identificaciones textos que no casan en manera alguna!
Siempre he dicho, desde el comienzo, que si a mí me prueban que esto no es del Evangelio de San Marcos, yo lo acepto en seguida. Pero han querido distorsionar la realidad... En la obra que está a punto de salir tengo un apartado llamado: «Presupuestos científicos para la identificación». Y según lo que allí expongo se ve que es evidente que en las propuestas de sus alternancias no se ha tenido en cuenta lo más elemental de la metodología científica. Y esto lo digo de manera absoluta.

En concreto, de qué estamos hablando... ¿de letras que no existen en el papiro original?

Cuando uno hace una identificación, si es verdadera, ésta se acomoda a lo que se ve en el papiro, a la disposición de las letras y demás. Si la identificación no se acomoda a lo que se ve en el papiro, uno duda en seguida y dice: «Esto no es el papiro, sino otra cosa». Estas significaciones alternativas que han propuesto en verdad dan pena en el plano científico. En el caso de la profesora Spottorno, a quien a nivel personal respeto mucho, ella reconstruye en base al 7Q5 un pasaje que no es igual al de Zacarías con el que pretende identificarlo, sino una especie de paráfrasis del mismo... Así pues, si no es el mismo pasaje, ¡cómo identificarlo con él!

En estas pretendidas identificaciones, ¿se respeta la «verticalidad de las letras» que se deriva de la medida esticométrica (número de letras por línea) del rollo al que el papiro perteneció?

No, en modo alguno. Ni la «verticalidad de las letras», ni la lectura. Porque además de que no se acomodan al papiro, las letras que proponen no se ven en el mismo. No digo sólo que completas, ni siquiera incompletas, ni siquiera rasgos.
En papirología las letras completas no tienen ninguna dificultad; las incompletas pueden ser de lectura segura o de lectura incierta. Pero si se encuentra en un documento antiguo, por ejemplo, en nuestro alfabeto, un triángulo arriba, se completan las diagonales hacia abajo y se dice que es una «A». Pero si se encuentra un triángulo no se puede poner allí una «S». ¡Pues estas supuestas identificaciones alternativas hacen cosas así, es increíble!

Otra objeción es aquella que afirma que el papiro es demasiado pequeño para poder hacer un trabajo serio con él...

Esto a uno que no sea papirólogo le puede llamar la atención, pero a un papirólogo no le llama la atención porque hay papiros más pequeños, como por ejemplo el correspondiente a la Samia (cuyo código es P. Oxy. XXXVIII 2831), obra de Menandro, que mide 2.4 cm. por 3.3 cm. Para su identificación el papirólogo británico E.G. Turner modifica el texto y realiza un cambio fonético que no se encuentra en ninguna otra. Esta identificación ha sido aceptada por todos.
Hay otros ejemplos. El papiro neotestamentario publicado por C.P. Thiede, de la colección Bodmer, es muy pequeñito. Además está también el caso del papiro que fue identificado en la cueva 7 de Qumrán como del Antiguo Testamento, de la Carta de Jeremías, en el que se presenta una identificación textual que los identificadores arreglan como pueden, a base de una versión latina. Además las únicas palabras que se leen con toda seguridad allí son oun, «pues», consecutivo, y autous, «a ellos». En todos estos casos nadie ha puesto ninguna dificultad a pesar de ser mucho más pequeños que el 7Q5.

Hay otro asunto respecto del 7Q5 y es el de la letra incompleta que algunos han leído como una «I» y usted ha leído como «N»...

Hay una letra que yo leo como «N» en relación a la cual me dijeron los de la Escuela Bíblica de Jerusalén que aquello era -textualmente- «absurdo». Decían que era absurdo el ver allí el trazo vertical izquierdo de una «N» -la ny mayúscula en griego es como la N en castellano-. Esto se llevó entonces al Departamento de Investigación y Ciencia Forense de la Policía Nacional de Israel, y con aparatos de la tecnología moderna, concretamente con el estéreomicroscopio, vieron que en el trazo vertical al que nos referimos, en la parte superior, descendía parte del trazo oblicuo descendente correspondiente a una N. Está, pues, científicamente establecido.
Ahora, la letra que sigue, por más que algunos vean una eta -que en el alfabeto mayúsculo griego es como una «H»- yo no la veo. Y aunque una eta en ese lugar casa perfectamente con mi identificación, como deseo ser honesto científicamente, cuando el profesor A. Dou hizo los cálculos de probabilidades que le solicité, le dije que en la posición que aquella letra ocuparía, pusiera un punto, porque yo simplemente no la veía.

El hecho de que se haya recurrido a la policía técnica israelí, que no tiene ningún interés en la polémica, garantiza la imparcialidad de la información que sirvió para determinar la letra...

En algo, pero no en lo fundamental. La objetividad de la identificación se garantiza por el rigor científico del trabajo en su conjunto. Le diré otra cosa para que vea la honestidad del procedimiento. Siempre que publiqué un artículo defendiendo mi postura, siempre publiqué la fotografía a rayos infrarrojos. Los que atacaron la identificación nunca publicaron nada, solamente hablaban. Aquí hay ya una diferencia de proceder científico. En este deseo de honestidad se llegó a un extremo de máximo rigor científico de agotar todas las posibilidades de investigación, y se llevó así el papiro a la policía israelí, la misma que es completamente imparcial en la materia propia de estas identificaciones.

Se ha hablado también del cambio de delta por tau que se debe realizar para obtener la identificación. Es un aspecto del que han tratado C. Roberts, Pierre Benoit, M.E. Boismard y otros.

Sí. Y cuando vi que algunos asumían esto como una objeción fui a la biblioteca del Pontificio Instituto Bíblico y escribí una nota que se publicó en la revista Biblica sobre la frecuencia del cambio delta-tau en los papiros bíblicos. Y repito lo que dijo la profesora Montevecchi, una eminencia en papirología: objetar ese cambio de delta-tau casi hace reír por lo admisible del cambio. Y es que de hecho existen numerosos casos del mismo error, incluso hasta en un grabado en griego hecho sobre piedra en tiempos de Herodes, donde es evidente que se había de tener mayor cuidado al escribir.

En el campo de la crítica interna hay otras observaciones. Una de ellas cuestiona la identificación realizada por usted porque exige la eliminación de 9 letras, aquellas correspondientes a la frase «epi ten gen» que aparece en la versión griega más común del Evangelio de San Marcos.

De esto también habla O. Montevecchi. Yo podría contestar con sus palabras, que son mucho más autorizadas que las mías y absolutamente imparciales. Si el cambio delta-tau, como he explicado ya, no significa nada extraño -y hablo como papirólogo-, omisiones como la del «epi ten gen» son un caso conocido y aceptado. El mismo C. Roberts, cuando publicó el papiro p52, aquél famoso del Evangelio de San Juan, realizó su identificación omitiendo unas letras. Y es que en el verso (Jn 18,37-38) hay una repetición, en el texto originario de San Juan, que dice: «Yo para esto (eis touto) he nacido y para esto (eis touto) he venido al mundo» (v. 37). La segunda vez del eis touto, que es lectura ordinaria en el texto conservado hoy, por razones esticométricas la omitió el mismo Roberts, guiado por la «verticalidad de las letras» del texto en el margen derecho del papiro, considerando su texto como una variante más breve. Y es bien conocida la entusiasta acogida y general aceptación de la identificación del p52, correspondiente al año 125.
No quiero hablar de otros varios papiros bíblicos cuya identificación, a pesar de presentar variantes «absurdas», ha sido aceptada por todos los especialistas. Sólo me limito a citar un trozo de papiro (más pequeño que el 7Q5), el p73 (=P Bodmer I). En este insignificante papiro, entre el recto y verso sólo se leen con seguridad ocho letras. Pues bien, la identificación de este papiro con el texto de Mt 25,43 y 26,2-3, ha sido aceptada sin ninguna dificultad. Claro que en este caso el papiro está fechado en el siglo VII.

¿No le parece digno de tener en cuenta el argumento del profesor Metzger que busca cuestionar la identificación porque, afirma, para realizarla se hace necesario aceptar dos excepciones en un pedazo muy pequeño de papiro?

¿Qué excepciones son?

La del cambio delta-tau y la del «epi ten gen».

Esto que dice el profesor Metzger me pareció muy oportuno, porque la personalidad científica de Metzger la respeto mucho. Somos amigos. Pero el argumento que da es desencajar la cuestión. Puede ser que en un trozo de pequeño papiro haya una serie de variantes porque precisamente allí coinciden. Además, en este caso, estas variantes no tienen cuerpo, no tienen volumen suficiente para hacer dudar de la identificación porque no tienen, cada una de ellas, un peso significativo de generación de duda.

¿Es decir que, en resumen, existen papiros aceptados a los cuales se les ha concedido bastantes más excepciones y nadie se ha hecho ningún problema?

Así es. Existen muchos papiros más. Y es lo que digo siempre, y lo repito ahora: si este papiro fuera del siglo VII, sería fantástico, pero claro, es del siglo I y por ello no se acepta. Y yo sólo comprendo estas reservas por las consecuencias que trae esa aceptación.

Hay quien hablaba de una intencionalidad apologética en usted...

Si me dicen esto es como para ponerme un sambenito. Yo trabajo siempre con rigor científico y he hecho otras identificaciones, por ejemplo una que presentaron un grupo de profesores alemanes de Berlín como un trozo de prosa que yo lo identifiqué como del poeta Teócrito. Ahora me pregunto: ¿qué apologética he hecho con esta identificación? Entonces y ahora mi proceder es científico.
En el caso del 7Q5 la identificación realizada no fue buscándola, sino que simplemente se produjo. Además, el llegar a ella fue curiosidad en mi descanso... «hacer crucigramas en griego», sencillamente.

Siguiendo adelante hablemos de las conclusiones del cálculo de probabilidades, la prueba matemática. ¿No interfiere en algo el cambio de tau por delta que usted ha señalado?

De hecho yo le advertí de esto al profesor Dou, pero hay que suplir la equivocación del escriba. Matemáticamente, sin embargo, en la primera hipótesis de trabajo (él trabaja con cinco hipótesis distintas que en conjunto dan resultados favorables a la identificación que propongo) influye poco este cambio consonántico.

En el caso de la eta que usted ha dicho que no veía claramente...

En ese caso le pedí al profesor Dou que no la considerara y que pusiera allí un punto, que denotaba a una letra desconocida. El resto de las letras seguras del papiro se han considerado como tales.
Por otro lado se ha utilizado como base la misma esticometría (longitud de cada línea de la columna del texto) de mi identificación, es decir con el mismo número de espacios o letras y con un cambio de entre 20 a 23 letras, pues siendo letras que se hacen a mano no siempre su cantidad es constante en cada línea.

La primera hipótesis simplemente considera el número de letras y su ubicación, sin distinguir ninguna...

Sí. Se trata de un cálculo puramente matemático, sin identificar ninguna letra... Al hacerlo, la probabilidad de que se encuentre un arreglo que convenga al 7Q5 es de 1 contra 36 mil billones. Para entender esto se puede explicar que cuando se tira una moneda al aire la probabilidad de que salga cara es 1 contra 2. Así, la probabilidad en este caso es 1 vez entre 36,000'000,000'000,000 de posibilidades.
Esta cifra se reduce, es decir que la probabilidad es mayor, cuando se atiende al conjunto de letras de un texto expresivo literario, que es diferente de la hipótesis anterior de un texto inexpresivo matemático.

En el caso de un texto expresivo literario hay más probabilidades que en el caso anterior de que el fragmento 7Q5 coincida con otro texto diferente de Marcos...

Sí, pero la probabilidad en este caso es de 1 contra 900 mil millones... es decir que no hay realmente ninguna. Se trata de 1 vez entre 900,000'000,000 de opciones. Esto es seguro, porque entre este conjunto de miles de millones, matemáticamente hablando, es absurdamente imposible que pueda encontrarse una identificación, porque ésta es única y es con Mc 6,52-53.
Tanto en el primer como en el segundo caso, el asunto es científicamente seguro. Todos los detalles de ésta como de todas las hipótesis de trabajo del análisis del profesor Dou estarán consignados en el epílogo de mi próxima obra, como ya dije.

Hay una tercera hipótesis...

Ésta se refiere a una esticometría más larga, pues en el trabajo con las matemáticas buscamos agotar todas las posibilidades de variación. En este caso la probabilidad de una identificación del 7Q5 con un texto que no sea el de Marcos es de 1 contra 430 billones. Se trata de 1 vez entre 430'000,000'000,000 opciones. Nuevamente el resultado es muy claro.

Incluso hay un resultado más...

Los análisis del profesor Dou lo llevan a afirmar que en el caso de descubrirse en el futuro cualquier documento con el que el fragmento 7Q5 pudiera identificarse, ese documento y Mc 6,52-53 serían textos no independientes. Es decir que, eventualmente, cualquier otro texto que se descubra susceptible de sustentar una identificación del 7Q5 tendrá que ver con dicho pasaje de Marcos. Todo esto va a salir en el libro.

Usted se siente íntimamente convencido como científico de que su identificación es cierta...

Ahora sí, al comienzo no estaba tan firmemente convencido. Era una hipótesis muy probable. Ahora sí estoy seguro.

Dejando de lado el tema de la identificación propiamente tal del texto, acerca de la datación del texto...

La datación la hizo Roberts, el gran paleógrafo de Oxford. Quizás ahora van a poner más dificultades al respecto, pero hasta el momento nadie se había molestado. El profesor Fitzmyer decía en un artículo que como no se puede cambiar la datación, no han de aceptar la identificación del 7Q5. Ahora, como no se puede cambiar la identificación, han de buscar cambiar la datación.

¿Habría la posibilidad de utilizar el método del Carbono 14 para precisar la datación?

No, es imposible, porque habría que quemar el papiro... En pedazos de papiro más grandes sí es posible hacerlo, pero en este caso implicaría la pérdida total del mismo.

En relación al mismo tema de la datación, hay algunos, entre ellos el ya mencionado investigador K. Aland, que afirman que el papiro debía ser posterior al año 50.

El profesor Aland no era paleógrafo, o sea que con gran respeto a sus trabajos de crítica textual, en el campo de la paleografía prefiero otras opiniones.

Además existe un problema de por medio que es el paso del rollo al códice, ¿podría usted explicar algo de esto?

En el Simposio de La Sorbona, en París, realizado hace unos pocos años, recuerdo exactamente que los especialistas se pusieron de acuerdo y se puede decir que hacia el año 80 d.C. se dio el paso del rollo al códice; no matemáticamente, sino poco a poco se fue cambiando y cambiando, hasta que finalmente se pasó al códice, sobre todo para facilitar la difusión del Nuevo Testamento. Era más fácil enviar libros, códices, que rollos, complicadísimos de ser manejados.

En el caso del papiro 7Q5 tenemos un pedazo de rollo, lo que implica que sea anterior al año 80 d.C., que fue cuando éstos dejaron de ser utilizados...

En realidad anterior a cuando se cerraron las cuevas de Qumrán, hacia el año 68 d.C. O sea que ya por arqueología y por historia, por precisión histórica, este fragmento 7Q5 es muy antiguo.

Entre los métodos paleográficos, ¿cuáles se utilizaron para datar el papiro antes del año 50 d.C.? ¿Qué tiene que ver el llamado Zierstil («estilo elegante») con todo esto?

Cada estilo paleográfico (estilo de escritura) tiene un nacimiento, un desarrollo y una muerte. Es en base a estos estilos y a sus ciclos de vigencia que se puede saber la datación de un manuscrito. La datación la realizó el profesor Roberts, de Oxford, muy reconocido como ya he dicho. Otro profesor, uno de gran categoría de Italia, cuyo nombre no menciono porque me lo dijo confidencialmente -no tenía interés en que saliera su nombre en esta cuestión- sostuvo: «Como máximo este papiro es del año 50 d.C.». El que me dijo esto es para mí el mejor paleógrafo bíblico del mundo.

Es decir que paleográficamente el papiro 7Q5 tiene un estilo que está determinado entre un rango de años y por eso es posible datarlo...

Sí, este rango de años va del 50 a.C. al 50 d.C.
Puede ser que este estilo tenga una ramificación, pero hay que tener en cuenta una cosa: algunos de los papiros de la cueva 7 de Qumrán tienen rasgos que son muy interesantes, se encuentran rasgos paleográficos de los papiros de Herculano, de Italia. Entonces tal vez aquéllos se escribieron en Roma... En fin, hay una serie de cosas muy interesantes, enigmáticas todavía.

¿Tendrá que ver eso algo con la inscripción que se encontró en el ánfora de la cueva 7, que decía «Roma»?

Esto lo afirman algunos. Yo no soy técnico en ese campo y no me atrevo a sostenerlo. Gente más autorizada lo podrá decir. Esto mismo nos lo sugirió un profesor del Pontificio Instituto Bíblico, pero en cambio el destacado especialista en Qumrán Yigael Yadin dijo que no, que se ponía solamente el nombre del propietario o el contenido, mas no el origen geográfico... Pero a lo mejor el contenido era: «manuscritos de Roma». Se trata de algo que está abierto a la investigación.

Al hablar del 7Q5, ¿ante qué estamos? ¿Ante un trocito del Evangelio de San Marcos? ¿De qué versión del mismo? ¿De una fuente de Marcos?

Esto no lo sé. Algunos dicen que es fuente. El hoy cardenal Martini sostuvo algo al respecto e incluso, creo, lo publicó: habiendo un cambio de sección (entre los versículos 52 y 53 del capítulo 6 del Evangelio de San Marcos), es un texto ya formado. Hay un parágraphos, un hueco en blanco, que implica un punto y aparte. Pero, una vez más, eso sale de mi especialidad y por ello no puedo opinar. Otros lo dirán.

También hay otras señales que permiten hacer esta identificación con Marcos, por ejemplo el uso reiterado de la palabra «kai» (en castellano «y»), si no me equivoco...

Bueno, claro, es que no hay autor clásico que empiece un párrafo con «kai», como es el caso del papiro 7Q5. Éste comienza una sección en el versículo 53. Y si se tiene en cuenta que en Marcos más del 90% de las perícopas empiezan con «kai», mostrando un griego muy vulgar -que también hay que decir que es propio del Evangelio de Marcos-, los argumentos en favor de la identificación aumentan.
La verticalidad de las letras, el detalle del parágrafo, el «kai», el mismo hecho de que sea una lectio brevior (una lectura más breve debido al asunto del «epi ten gen»)... todos estos hechos llevan a O. Montevecchi a afirmar que si no hubiera esto, dudaría de que el papiro fuera antiguo.

Hablemos un tanto sobre las reacciones, como por ejemplo la del profesor Ravasi, quien mostrando desconocimiento del tema afirmó, respondiendo a la propuesta de identificación del 7Q5 con el mencionado pasaje de Marcos, que se trataba de un papiro con letras hebreas. ¿Qué hace que pueda darse esa falta de objetividad?

Esto en vez de preguntármelo a mí, pues habría que preguntárselo a él.

¿Usted no se ha hecho ninguna idea sobre el asunto?

Es que esta ligereza es algo increíble... Ravasi, que es un hombre muy competente en algunas cosas, ¡ni siquiera parece haberse dignado ver el papiro! Aparece clarísimamente «kai», aparece clarísimamente la tau, aparece clarísimamente también «nnes»... ¡Y dice que esto es hebreo!

¿No ve usted en esto, en el fondo, una discusión entre preconcepciones de pensamiento exegético?

Pues parecería que sí. Aquí hay un trasfondo de escuelas o mejor de posiciones. Claro que lo veo... La gente eminente del mundo que tiene su posición científica y demás, ¿cómo iba a cambiar por la propuesta de un joven desconocido en el campo bíblico internacional? En el papirológico yo era conocido, pero en el campo bíblico no. Si no se es un papirólogo de verdad, verá cosas o no verá cosas superficialmente...

¿Qué le dice a usted que las críticas provengan más de los exegetas que de los papirólogos, siendo que aquél no es propiamente su campo?

Lo que dice Herbert Hunger, quien ha sido Director de la colección de papiros de la Biblioteca Nacional de Austria, entidad de la mayor importancia para la papirología, tiene mucho de razón: Yo no hablo ni como teólogo ni como biblista, hablo como científico y papirólogo, y como científico digo que O'Callaghan tiene razón.
Lo que dice O. Montevecchi también es importante: Esto no quita ni pone nada, pues aunque no sea este papiro de San Marcos, el cristianismo no pierde nada.
Y ahora también se debe tener en cuenta a los que se oponen a la identificación que propongo. Que frente a sus prejuicios hagan gala de una más ecuánime y científica apreciación de las cosas.

Aun cuando su trabajo sobre el 7Q5 no es un intento apologético, aun así tiene consecuencias importantes para el anuncio de la fe en nuestro tiempo, sobre todo en lo que se refiere a la historicidad de los Evangelios. ¿Cómo ve usted esto?

Una cosa es que yo como sacerdote me alegre mucho, pero otra cosa es que un sacerdote haya llevado el agua a su molino. Cuando hacía una consideración final, ahora tras haber discutido y hablado con rigor científico, encontraba que como sacerdote estoy encantado de la vida, más aún considerando que mi lucha inicial fue muy difícil -yo había pasado entonces las primeras votaciones para seguir como catedrático en el Pontificio Instituto Bíblico y me lo jugaba todo como científico; era muy arriesgado para mí meterme en el asunto del 7Q5-. Y es que soy un convencido de que la investigación de la verdad necesariamente lleva a Dios, quien es la Verdad. Ahora como sacerdote, es cierto, no podía minimizar mi expectativa de que la identificación del 7Q5 con Marcos fuera verdadera, pero en ningún momento hice apologética, porque repito que trabajar así sería inaceptable. Tras los resultados finales de la investigación estoy encantado de que esto haya sido verdad. Esto no lo puedo negar.

¿Y qué consecuencias prácticas le ve usted? ¿Cree que es una puerta para que algunas personas vuelvan los ojos a la fe?

Bueno, esto lo verá cada uno. Yo no sé qué va a hacer la gente. Pero si esto se acepta, por la misma solidez científica que tiene, papirológica, matemática, creo que puede ayudar a que algunos puedan decir sí. Yo repito sin embargo mil veces lo mismo: este papiro no me ha aumentado en lo más mínimo la fe, porque mi fe está por encima de todos los pápiros y códices. Pero la fe supone la racionalidad humana, por consiguiente estoy contento de que la identificación que propuse pueda afirmarse con certeza.

Finalmente, si usted vuelve ahora su mirada hacia atrás, ¿qué lectura hace de esto que ha llamado una «aventura científica»?, ¿cómo ve las cosas a la luz de los años?

Bueno, ha sido todo. Ha sido bendición, ha sido prueba, ha sido calvario, ha sido gloria, han sido momentos intensos... Pero ante todo ha sido el esfuerzo de servir a Dios y a la Iglesia desde mi ministerio sacerdotal y mis estudios científicos.

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sexta-feira, 29 de março de 2013


Early Jesuit Missionaries in Japan
Balthasar Gago and Japanese Christian Terminology
HUBERT CIESLIK, S.J. (1954)
Though little has been recorded concerning the life and doings of Father Balthasar Gago (c. 1520-1583), his name is important because of his connection with one of the most vexing missionary problems in the Japan of his day. That problem was the question of a Christian terminology, which he sought to provide.
Gago was born in Lisbon about A.D.1520 and devoted himself to grammatical studies for four years "with moderate success." He joined the newly established Society of Jesus in Lisbon in 1546 and was sent to India two years later. When Xavier returned to India in quest of new missionaries, he promptly sent Gago to Japan along with Brothers Alcaçova and de Sylva and the Japanese interpreter, Antonio.
Gago possessed neither the ability nor the training that Xavier would have liked to see in men who were destined to work in university circles and among the bonzes in Japan, but it was felt.that he would be able to get a good command of the language and could then act as interpreter for others who would have greater intellectual attainments.
(1) FIRST ENDEAVORS
It was in April 1552 that Gago and his companions set out from Goa. They traveled as far as Malacca with St. Francis Xavier but bade him farewell on June 6 as they entered upon the last lap of the journey that was to take them to Japan. An uneventful voyage brought them to Kagoshima on August 14, and they were cordially welcomed by the daimyo, but they remained in Kagoshima only about one week. A smaller vessel brought them to Bungo, where they arrived on Sept. 7.
The Daimyo, Otomo Yoshishige, immediately assigned them a house and the newcomers went to pay their respects to him on the following day. On this occasion, they also presented the Daimyo with a letter and with various precious gifts from the Viceroy of India at the reception of which Otomo was greatly pleased.
When Father Torres, who was in charge of the mission in Yamaguchi since the departure of St. Francis Xavier, heard of the new missioners arrival he immediately sent them Brother Fernandez to act as interpreter for them. Accompanied by Fernandez, Father Gago again visited the Daimyo a number of times and spoke to him about Christian doctrine. Otomo listened politely and said that he understood everything very well
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although he admitted after his baptism nearly 30 years later that he had understood practically nothing during these earlier conversations. Gago's early visits were not fruitless, however, since the Daimyo promised to provide both a residence and support for the missionaries and gave them official permission to preach the Gospel throughout the province.
Gago was naturally anxious to meet his Superior, Father Torres, and the latter was no less eager to see the new arrivals in order to give them such advice as was needed for their work. The whole group therefore left for Yamaguchi in October and stayed there until after Christmas. The Midnight Mass on the Feast itself was the first Solemn High Mass ever sung on Japanese soil. The Christians had assembled earlier in the evening and spent the whole time listening to sermons and readings from the life of Christ. Thereupon each of the priests said his three Masses and the Christians were told why these three Masses were permitted.
It was not until February that Father Torres sent Father Gago back to Otomo's court in Bungo in company with Brother Fernandez, who was to serve the new priest as assistant and interpreter. Adventure and much useful experience awaited them in Bungo but as yet the missionaries were unaware of it.
Things went very well at first. Gago was admitted immediately to another audience by Otomo, who promised every help and assistance. The daimyo's attitude, no doubt, was dictated largely at this time by his desire for friendly political and commercial relations with the Viceroy of India.
Scarcely had the missionaries settled down to a quiet routine when a violent revolution broke out (February 1553) in Funai (Oita) against the regime of Otomo, and the missionaries had several narrow escapes from death.
Order was quickly restored in the city, but Gago soon found himself involved in a struggle with the Buddhist bonzes. It seems that he had been directed by the Daimyo to take up his residence in the house of one of the bonzes and a large group of them, apparently members of the Zen sect, now gathered there to engage him in debate. Gago, of course, was severely handicapped due to his ignorance of the language, but his interpreter was well accustomed to such encounters and with his help Father Gago acquitted himself so well that the opponents were unable to continue the debate and gave vent abuse and threats.
to their anger, instead, by
Some mockingly called him Deus, the term which Xavier and Torres had adopted as a Japanese name for God, while others challenged him to show them this 'Deus'. Others again ridiculed the idea of the immortality of the soul and suggested that it might be best to cut Gago's head off and wait to see whether he would come to life again. Not satisfied with these verbal encounters, the opposition finally resorted to throwing stones at the
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missionaries' house until the Daimyo intervened and threatened severe punishment for anyone who would continue to molest them.
Changing their tactics, the bonzes now claimed that the "Law of God" was the same as the "Law of Buddha" (Buppō) just as all the religions and sects of Japan are, after all, basically the same. They added, therefore, that there was no reason why any one should follow this new religion. Gago, therefore, composed a memorandum in which he pointed out the differences existing between the two 'Laws' or 'Ways' and showed that "only the Law of God is the religion of the Way of Truth". The priest then showed his manuscript to the Daimyo, who not only gave his approval but stamped it with his official seal.
Thanks to the protection thus accorded the mission work in the Province of Bungo also began to show signs of definite progress. In the following year, 1554, Father Gago was able also to begin work in Kutami, some nine miles from Funai; and after baptizing the lord of that district was able likewise to receive no less than 300 of the people into the Church. The report for 1555 shows that the province of Bungo then had no less than 1,000 Catholics.
It was in this same year, 1555, that the Superior, Father Torres asked Father Gago to visit the parish in Hirado, which had about 500 Catholics but which had been without a pastor for several years. Father Gago therefore set out for Hirado in September in company with Brother Fernandez and the lay helper, Paul Tonomine. The report concerning the mission method Gago adopted there is interesting:
The procedure the priest adopted in Hirado was as follows: he began the day by saying Mass for the people. The Christians then recited a number of prayers for the welfare of the Church, the conversion of Japan, etc. On Sundays they heard sermons on the Gospel and on such moral problems as were intelligible to them. During Lent, Brother John Fernandez explained the Our Father and the Most Holy Sacrament of the Altar towards which they had a very deep devotion. During Holy Week, the Blessed Sacrament was removed and the people heard a sermon on the Mandatum, which was followed by the washing of the feet of twelve poor Christians. Sermons were given in the evening on the Passion of Christ and all of the 150 people who were able to get into the church then proceeded to scourge themselves.
Since the Japanese attach great importance to funeral services, Father Gago was accustomed to say Masses of Requiem throughout the month of November every year in order that the people might focus their attention more on life beyond
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the grave. To emphasize the meaning of the Responsoria, a catafalque and candles were also set up in the middle of the church and these proved to be a source of great satisfaction to the people. Stress was also placed during this period on sermons concerning the Four Last Things."
Elaborate funeral services held in the province of Bungo were equally fruitful and are said to have been witnessed at times by as many as 3,000 persons.
(2) CHRISTIAN TERMINOLOGY AND THE NEW CATECHISM
When St. Francis Xavier first began to translate the Creed, the prayers and his doctrinal explanations into Japanese he had to depend entirely on Anjiro for the proper mode .of expression. Anjiro had been a member of the Shingon Sect of Buddhism and used the special vocabulary of that sect for the expression of Christian ideas. Unfortunately, Anjiro's knowledge of Buddhism as well as of Christianity was quite limited and it was there- fore impossible for him either to grasp the clear-cut distinctions that were to be made in the theology or to create a Christian vocabulary. Xavier, on the other hand, had a very limited knowledge of the language and knew little about Buddhism. It was only in connection with the word Dainichi that he became aware of the problem and in that case he simply borrowed the Latin word Deus as a name for God in Japanese.
Still more painful surprises were in store for Xavier's successors. Through their repeated disputes with the bonzes and especially through their contact with such bonzes as were received into the Church, they gradually came to understand some of the differences existing between esoteric and exoteric Buddhism. They thus discovered that many of the Buddhist teachings were merely Hōben, i.e., convenient simplifications which were regarded as good enough for the masses but were not accepted as true by the bonzes. They found, too, that as a consequence of the double meanings attached to different words, these words were either entirely out of harmony with Christian teaching or were open to misinterpretation. As a result of the radical reform undertaken then by the missionaries, we of today know only a few of the expressions which had been erroneously adopted by the first missionaries. In addition to word 'Dainichi' which had been used and then rejected by Xavier, the early missionaries also used Hotoke as a name for God. In speaking of the soul they used the word Tamashii which made no distinction between either the vegetative, the sensile, or the rational soul. For 'Paradise' they used the word Jōdo and for 'Hell' they used the word Jigoku with its current Buddhist connotations. Angels were called Tennin and the missionaries were not only referred to publicly as Sō (bonzes) but probably applied the term to themselves also while Christian teaching as a whole was referred to as Buppō, the 'Law of the Hotoke'.
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Since Xavier's catechism was replete with expressions of this sort and since both the priests and Brothers used this terminology in their sermons, it was not surprising that many of the people regarded Christianity as merely another Buddhist Sect that was newly arrived from India.
The official document whereby Ouchi Yoshinaga bestowed the property of the old Daidōji [temple] in Yamaguchi on the missionaries in 1552 tells us that "The bonzes (Sō) who have come from the West, in order to preach the Law of Buddha (Buppō-shōryu no tame) are hereby authorized to build that temple."
How thoroughly alarmed the missionaries were when they discovered this 'diabolic deception' is revealed in the letters of those days. Action was urgent, and Gago himself indicated two possible courses. One possibility was to take over the Buddhist terms and give them a Christian interpretation (as was done in the domain of ancient Grecian culture) while the second alternative was to retain the foreign terminology. This plan had been followed to a great extent by the missionaries who brought about the conversion of the Germanic peoples. The possibility of forming new, though rather strange combinations of the Chinese characters in order to express Catholic ideas which was later discovered by Father Ricci in China and which would have been a third alternative, had not yet occurred to the missionaries in Japan.
Referring to the terminological changes he had inaugurated, Father Gago himself says in a letter written from Hirado to his confreres in India on Sept. 23, 1555:
The Japanese sects have various technical terms that we also used for a long time to express our theological ideas. As soon as I became aware of the problem, however, I made the necessary changes immediately since using the words of falsehood to express the truth gives a false impression. Whenever I find out, therefore, that a word is harmful, I teach the people the correct Portuguese or Latin word. New things, after all, require new words and the words the people here use have a vastly different connotation from the ideas we want to express.
There are only two possible solutions to the problem, either to make all kinds of explanations with regard to each of these words, or to change the words altogether. This would have to be done in the case of about fifty words.
Now we explain the meaning of those (Buddhist) words along with the errors they contain and then we explain also the meaning of our own correct words. In this way the people come to understand the difference between the two kinds of expressions, understand the doctrine better and recognize also that it is impossible
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to use their words to express the truths of God. I mention this in order that those who work among the pagans may weigh their words well when they try to give expression to religious truth.
According to Father Gago, therefore, there were about fifty 'dangerous' words but others were added to the list later with the result that the Catholic books published at that time were replete with foreign words. Father Rodriguez, famed for the grammar he wrote for the Japanese language, later wrote a memorandum on this same subject which was entitled: "On the method of introducing foreign words for those that are lacking in Japanese and on the method of pronouncing them." In this memorandum he wrote:
In view of the fact that words are lacking in the Japanese language to express many of the ideas contained in the Gospel, it is necessary either to invent new words, which is a difficult matter in view of the character of the Japanese language, or to transcribe words of our own and to change them so much that they will seem to belong to the language of the country. Since there are many points of similarity between Japanese and Portuguese both in the matter of syllables and pronunciation, such words can generally be adapted from the Portuguese though some have been taken over from the Latin also. Included among these words, however, are only those which pertain to God, the Saints, virtues and other ideas for which there is no suitable expression in Japanese.
It should be noted also that the Japanese pronounce all of their words as if they were made up of simple syllables comprising only one consonant and one vowel. For 'Padre' they therefore say Patere, for 'Natal' they say Nataru and for 'Ecclesia' they say Yequerejia. When writing these words in the Western alphabet, however, it is better to write them in their original form rather than in this Japanese transcription.
It was only natural that such a radical reform led to something of a crisis for the young Japanese mission. "Some of the neophytes left the Church saying that they had been deceived since they thought that in accepting Christianity they were adopting a religion that was in harmony with the teachings of Shaka and Amida . . . . Others, however, remained faithful to their new-found Faith." (Nunez)
At any rate, the lines of battle were now clearly defined and there was no longer any danger of confusing Buddhism with Christianity. The Christians seem to have become accustomed to the new words quickly enough so that mission work was not rendered much more difficult. Touching upon this subject sixty years later, Father Camillo Costanzo said that "everybody was so well satisfied that even the pagans used these words
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to express Christian ideas and the Christians were happy to know the terminology we ourselves use."
It is clear from Gago's own report that his reform had been completed as early as 1555, i.e., during the time when he was still active in Bungo. This reform was approved by the Provincial, Father Melchior Nunez, when he visited Japan in the following year. The question of religious terminology was thus definitely decided for the early Church in Japan and it was decided along the lines indicated by St. Francis Xavier.
A new task now confronted the missionaries. Up to that time they had used Xavier's catechism but this had either to be revised completely or it had to be replaced by a completely new catechism. Father Nunez, who is listed as an outstanding theologian in the contemporary catalogues of the Society of Jesus, not only ordered the publication of a completely new catechism but also composed the first draft of the book during the four months he spent in Japan. Father Gago, who had meanwhile been transferred to Hirado (1555), completed this work and translated it into Japanese wiLourenco, the Japanese lay Brother. The work was completed some time during 1557 or 1558 and was popularly known as Ni-ju-ka-jo, because it was divided into twenty-five chapters. It was destined to serve as the standard textbook and as the basis of all catechetical instruction for the next two decades. th the help of Brother
(3) LAST YEARS IN JAPAN--RETURN TO INDIA
The year1558 was an eventful one for Father Gago. Otomo Yoshishige, the Daimyo of Bungo, had offered the missionaries land and the means of subsistence in the rising city of Hakata (Fukuoka) for the purpose establishing a mission there. Father Gago was chosen for the establishment of this mission while Father Gaspar Vilela who had arrived in Japan with Father Nunez was appointed to take Gago's place in Hirado. Father Gago also obtained an assistant for Hakata in the person of Brother Guilherme Pereira.
The missionaries had just completed their house and chapel in Hakata and were beginning regular mission work in 1559 when trouble broke out, and the city was occupied by rebels after fighting that had lasted only one day. In order to save the Church furnishings, Brother Fernandez had been ordered to set sail with them for Hirado while Father Gago and Brother Pereira sought refuge on another ship.
As soon as the captain of this ship saw, however, that the city had fallen, he proceeded to rob the missionaries of all their possessions and threatened to surrender them to their enemies. After four days, he carried out this threat with the result that the missionaries were robbed even of the clothes they were wearing and they were not only exposed in their nakedness to the bitter cold but were roughly man-handled. It was only when they returned to Hakata that a kindly non-Christian who knew Father Gago, gave him a Japanese kimono.
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After several days of critical uncertainty, the missionaries found a refuge in the home of a Christian and remained hidden there for fifty days. The Christians of Hirado as well as those of Hakata sent them clothing and other provisions in such abundance that Father Gago could say that no priests of the Society of Jesus had ever been as well cared for as they were in these days of persecution.
The danger was not yet over, however, for it seems that the rebels wanted to hold the missionaries as hostages in order to extort guns and ammunition from the Portuguese. The Christians therefore resorted to a trick in order to save the situation. The missionaries were decked out in women's clothing and large straw hats and were enabled, thanks to this disguise, to make their way into the suburbs where horses were waiting to take them to safety in Funai.
Welcomed there with much ado by the Christians, the missionaries were able to get a well-earned rest but Father Gago's health seems to have suffered considerably. Since somebody had to go to India in the following year to talk over mission problems with Father Nunez, Gago was chosen for this assignment.
Father Frois gives us an eyewitness account of the cordial send-off the Funai Christians gave the departing missionary.
As soon as the Christians learned of his impending departure, those in the neighborhood as well as some who lived at a distance of nine miles came to bid farewell while others who lived at a distance of 30 or 40 miles wrote letters to explain why they could not come in person. The farewell ceremonial was as follows:
A group of people from the same village or street bring wine and fruit and line up in accordance with the rules of etiquette. The one who is to serve the refreshments stands in the middle holding a cup (sakazuki). After a series of complimentary speeches, the priest drinks first and then hands the cup to the oldest or most esteemed of the visitors who then passes it on to the others until all have partaken of the wine. So numerous were the visitors that the church and courtyard combined were too small to accommodate them. The people wept for grief but Father Gago sought to console them by telling them that it was to the best interests of all that he should go to India to bring additional priests to Japan. A large crowd of men, women and children insisted on following him for a considerable distance after he had left the church and would not go back until he himself paused and told them he would not proceed until they had returned to their homes. Even then some followed him for a mile or so before he could persuade them to turn back.
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The sea voyage was extremely rough due to many storms, and on several occasions the ship was in imminent danger of sinking or of being captured by pirates. It was not until the end of January, 1561, that Father Gago reached Malacca whence he continued on to India.
Due to the unsatisfactory condition of his health, Father Gago was never sent back to Japan but was given an easier assignment on the island of Chorao near Goa. Later he also worked in the Rachol mission on the island of Salsette, where he had the misfortune on one occasion of falling into enemy hands. He died in Goa in 1583.
Bibliography
G. Schurhammer, S.J. Das Kirchliche Sprachproblem in der Japanischen Jesuitenmission des 16 und 17 Jahrhunderts. (Tokyo, 1929).
© Jesuits of Japan, 2004. All Rights Reserved. Solely for private use. Not to be reproduced for any commercial purpose whatsoever. Contact <francisbritto[At] hotmail.com> for details
Fr. Hubert Cieslik, S.J. was born in 1914 and died in 1988. One of the most respected historians of Japanese Christianity, he has written numerous books and articles on Japanese Church in German, English, and Japanese. He wrote the present article for an English journal—now extinct—in Japan sometime around 1954. Fr. Cieslik's printed articles were compiled by Francis Mathy, S.J.,Ph.D. The digital version was prepared, edited, and composed for PDF by Francis Britto, S.J., Ph.D.

quarta-feira, 27 de março de 2013


Vista da cúpula da Catedral de São Pedro. Ao fundo Castel Sant'Angelo.

segunda-feira, 25 de março de 2013


A Virgem do Perpétuo Socorro pertence a um grupo de imagens greco-bizantinas, veneradas em muitas partes distintas do antigo império bizantino.
O original desta imagem acima (séc. IX) está atualmente em uma Igreja dos Padres Redentoristas em Roma.

domingo, 24 de março de 2013